![]() |
| estatua del Fauno en el atrio de la Casa del Fauno |
23 de Agosto del año 832 ab urbe
condita (79 d.C). Mi misión era clara: debía entregar un mensaje nítido y
convincente al Senador de Roma, Servius Pompeius Fusco, para que de una vez por
todas abandonase su afamada domus en Pompeya, la que todo el mundo conoce como
la Casa del Fauno. Mi amo, ManiusTulio
Escauro había escrito en una tablilla un mensaje para Servius Pompeius y yo
debía entregárselo urgentemente. Roma se encuentra a más de 1.130 estadios de
Pompeya (unos 209 km) y aún montando el mejor caballo de mi amo tardé 4 largas
jornadas en llegar a mi destino no sin antes haber dejado al animal reventado.
Llegué desde el Norte y rodeé el
Vesubio por su cara oeste, pegado a la costa mediterránea. Allí, entre el mar y
las laderas de la impresionante montaña, se divisaba a lo lejos Pompeya y más a
lo lejos, al sur de la ciudad, se veía el cauce del río Sarno y su
desembocadura en la bahía de Nápoles.
Mi amo me había dicho que Pompeya
era una ciudad rica y prospera, productora de cereales y buen vino y que,
teniendo en cuenta sus aledaños, contaba con más de 15.000 habitantes de los
cuales 1.000 eran patricios y 3.000 plebeyos. Sus gladiadores eran famosos y los
mosaicos de sus suntuosas villas, lugar preferido de vacaciones de los
ciudadanos de Roma, habían alcanzado renombre por todo el Imperio.
![]() |
| Detalle del mosaico de Alejandro Magno en la Casa del Fauno |
Tito Flavio Sabino acaba de ser nombrado por el
Senado Emperador de Roma hace escasamente dos meses tras la muerte de su padre,
Vespasiano. La dinastía Flavia, nos ha traído paz y prosperidad gracias a
Vespasiano y la calma reina hasta en las provincias más
lejanas desde que Tito sofocó la revuelta en Judea. Pero la calma del Imperio parecía
haber abandonado a Pompeya en estos momentos. Temblores de tierra sacudían sin
cesar los cimientos de la ciudad y las gentes estaban aterrorizadas presagiando
un terremoto tan bestial como el del año 816 ab urbe condita (63 d.C) que dejó
a la ciudad devastada.
![]() |
| el monte Vesubio |
Divisé a lo lejos las riadas de
gente que abandonaban la ciudad cargadas con sus pertenencias y tirando de sus
animales y carros, utilizando las tres calzadas romanas que unían a la ciudad con
Nuceria, Herculaneum y Neapolis. Miles de personas asustadas que aún no sabían
que su decisión de huir, lejos de ser cobarde era juiciosa. Huían de la ciudad
que al día siguiente iba a ser arrasada y literalmente sepultada, no a causa de
un terremoto sino por millones de libras de piedra y lava incandescentes producidas
por la explosión más bestial de un volcán que haya visto jamás el hombre. Las
cenizas y los gases asesinos hicieron el resto… La ira de los dioses se desató y
el Vesubio, esa imponente montaña aparentemente tranquila, estalló y lanzó su vómito sobre Pompeya y Herculanum al día siguiente de mi llegada en el ante diem VII Kalendas
September (siete días antes del 1 de Septiembre ó 24 de Agosto).



No hay comentarios:
Publicar un comentario